La denostada clase política sabe del desencanto de los pacientes ciudadanos, no sólo con su nefasta gestión, sino también con su esquiva –cínica y altanera- actitud; para los sufridos españoles (con este adjetivo intento apartar del todo a paniaguados del socialismo y holigans de Rajoy), la insidiosa clase dirigente ocupa uno de los peldaños más altos de la escalera de los problemas que sufre nuestro país, como demuestran las encuestas de Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) –sólo superados por la crisis económica y el paro, problemas también causados por esa tercera tara nacional-.
El presidente Griñán, en su visita a Puente Genil el pasado 19 de noviembre, no dio la cara temeroso de que una avalancha de disconformes ciudadanos -pontanenses y/o foráneos que ex profeso visitaran nuestro precioso pueblo- tuvieran la “antidemocrática” intención de espetarle en “toa” la boca sus discrepancias en cuanto a los recortes en sanidad y educación (competencias exclusivas de la Junta de Andalucía) o por la malversación que se ha hecho de los 1.200 millones de euros destinados a los parados andaluces y el paripé montado al que se empeñan llamar Comisión Parlamentaria de Investigación de los EREs Fraudulentos, cuya conclusión, dicho sea de paso, dice que el ex director general de trabajo de la Junta de Andalucía, Francisco Javier Guerrero Benítez, es el único responsable de esta trama corrupta, pese a que hasta en 15 ocasiones, diferentes interventores generales, advirtieron al presidente Griñán cuando ocupaba el cargo de consejero de hacienda. Y es que ser juez y parte, e intentar convencernos de esa conclusión, es el mayor insulto a la inteligencia humana que un cargo público puede perpetrar.
La visita de Griñán fue notificada a los medios el viernes anterior a su llegada, sin tiempo a que pudieran poner en conocimiento de sus lectores la inminente visita del presidente de la Junta, los colectivos invitados a los actos fueron muy pocos y los medios de comunicación no tuvieron ocasión de hacer preguntas al máximo representante de los andaluces. Todos estos despropósitos sólo me llevan a concluir tres opciones que puedan explicar el visto y no visto de Pepe en nuestro pueblo:
La primera, su propia degradación, es decir, que el mismo presidente de la Junta de Andalucía crea que una visita institucional del calado como lo fue la suya el pasado día 19 de noviembre, no merece la pena anunciar por la poca relevancia que pueda tener en la solución de los problemas que achacan a nuestro pueblo y a nosotros mismos.
La segunda es que ese día decidiera huir de los centenares de MIR de toda Andalucía que se concentraban a las puertas del Palacio de San Telmo, y pensara que, mejor que poner la cara en el balcón central del citado palacio y dirigir unas palabras a los indignados médicos, podría hacer un tour por los lares institucionales que pudieran honrarse con su visita.
Y tercera, y ya referida, el temor a que algún exaltado pontanés, con más razón que un santo, le pidiera cuentas por las políticas antisociales, por los recortes en sanidad, por los recortes en educación, por las incontables duplicidades, por los miles de teléfonos móviles, por los coches oficiales, por las dietas, por los altos cargos escogidos a dedo, por la gran masa de empresas públicas y sus empleados de carné, por sus incoherencias ante la huelga general del pasado día 15, por el incumplimiento en los pagos a los colectivos de discapacitados, por los ERES, por Mercasevilla, por Invercaria, por los retrasos en las obras del centro de salud, por el depósito de agua, por mi y por mis compañeros.
Para finalizar una humilde petición a la casta política: si no es para dar la cara… no vengas a mi pueblo.






0 comentarios:
Publicar un comentario