martes, 11 de diciembre de 2012

  Agradable mediodía flamenco el que pudimos pasar ayer domingo 9 en el Instituto Manuel Reina. Un cartel dignísimo con los cantaores Manuel Cuevas, Jorge Vílchez y Raúl Alcántara (El Troya), la guitarra de Jesús Zarrias y la Academia de Baile “Rocío Moreno”, sin olvidarme de la calidad del sonido que estuvo en manos de Paco Lavado.


Tan agradable fue, que más que un festival de cante parecía una reunión familiar dónde el público, entregadísimo y que llenó el teatro del instituto, se emocionó con el fandango final de nuestro paisano Jorge Vílchez, vibró con los tangos de El Troya y muchos se sorprendieron con el tocaor local Jesús Zarrias –envidiado por cualquier aficionado, primero por la facilidad con la que toca la guitarra y después porque ha conseguido convertir su afición, su pasión, en su modus vivendi- un gran guitarrista flamenco del que Puente Genil puede sentirse orgulloso. Las bailaoras guapísimas, con mucho arte; en definitiva dos horas muy simpáticas en las que hasta el presentador, José Morillo, se arrancó con un cante con el que consiguió el aplauso y las sonrisas del público.

Lamentablemente no pude disfrutar del gran cantaor Manuel Cuevas que abría el cartel, aunque el público narraba lo que disfrutó con el artista de Osuna.

Ni un asiento vacío, la totalidad de las entradas vendidas, más de 350 localidades para regocijo de los responsables y voluntarios de Cáritas de la Parroquia de San José.

Para finalizar quiero hacer una llamativa reseña: Al contrario que en la presentación en sociedad de la fundación de Fosforito ¡en Córdoba!, con la asistencia del alcalde (Esteban Morales) y el diputado de Cultura (Antonio Pineda), el domingo, en la Navidad Flamenca que anualmente se organiza a beneficio del banco de alimentos de Cáritas de la Parroquia San José, no asistió ni uno solo de los 21 concejales del pleno de nuestro Ayuntamiento; desconozco si no se les invitó -tampoco procedieron a “acoquinar” los 10€ que costó la entrada-, pero ya es la segunda vez que este que les narra, un incipiente aficionado al cante flamenco, puede comprobar que el arte que se hizo grande en Puente Genil –y viceversa- se siente huérfano desde la perspectiva institucional, algo que no ayuda a mantener vivos nuestros cantes y bailes.

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